La MLS lanzaría una liga de Tercera División en 2022

La noticia sacudió el siempre convulsionado mundo de las divisiones menores del fútbol de los Estados Unidos: la Major League Soccer estaría planeando lanzar una liga de tercera división, que se comenzaría a disputar a partir del año próximo.

La exclusiva, que llega a través de los colegas de The Athletic, contempla que la MLS solicitaría en los próximos días a la Federación de Fútbol de los Estados Unidos (U.S. Soccer) la autorización para que esta nueva liga, de la cual se desconoce aún el nombre, tenga el rango de tercera división.

Esta nueva competición tendría el objetivo de albergar a las filiales de los distintos equipos de la Major League Soccer. Actualmente, la mayoria de estas franquicias afiliadas compiten en ligas existentes como el USL Championship (New York Red Bulls II, Atlanta United 2, Sporting Kansas City II, Real Monarchs, LA Galaxy II y Tacoma Defiance) mientas que otras lo hacen en la USL League One (Fort Lauderdale CF, New England Revolution II, North Texas SC, Toronto FC II). Es de esperar que un número importante (o incluso la totalidad) de estos equipos abandonen sus respectivas competiciones para sumarse a la nueva liga.

A los equipos filiales ya existentes se sumarían otros nuevos: se espera que más de la mitad de las franquicias de la MLS tengan algún tipo de participación en la nueva liga durante su primera temporada. Además, se abriría el juego para que equipos independientes, sin relación con la MLS, puedan sumarse a esta competición.

Si llegará a aprobarse la solicitud, los Estados Unidos tendrían a partir de 2022 tres competiciones con rango de Tercera. Por un lado tenemos la ya mencionada USL League One, dentro del ecosistema de ligas de la United Soccer Leagues, que actualmente cuenta con 12 equipos y 3 cuadros de expansión que se estarán sumando en las próximas dos temporadas. Por otra parte, está la National Independent Soccer Association o NISA, una novel competición que tuvo un accidentado inicio (parcialmente atribuible a la pandemia por Covid-19) y que en la actualidad cuenta con 9 equipos en todo el territorio estadounidense, uno en «pausa» (ni más ni menos que el New York Cosmos) y tres equipos más esperando a ingresar al certamen.

La piramide del fútbol de Estados Unidos en la actualidad.

El experimento, que uno intuye busca darle mayor y mejor rodaje a los jugadores en etapas de formación, se asemeja bastante a lo que la MLS intentó lograr con su Reserve League, la cual operó entre 2005 y 2014 con escaso éxito. De ese tiempo a esta parte se optó por un esquema hibrido de filiales, similar al que existe en países como España o Alemania, que le da a los jugadores jovenes un beneficioso roce contra profesionales de mayor edad. Cómo la mudanza desde la USL a la nueva liga no parece ser obligatoria, es de esperar que algunos equipos opten por mantener sus filiales dentro de la estructura en que se encuentran actualmente.

Por ultimo, resta mensurar el impacto que la creación de esta nueva liga tendrá en el resto de las competencias del «ascenso» de los Estados Unidos. La apertura a equipos independientes puede conllevar a que la MLS le «robe» franquicias a la USL, las que podrían verse atraídas por distintas variables economicas (menores costos de operación) o futbolisticas. Uno de los grandes problemas de la USL es la falta de estabilidad en sus distintas competiciones: constantemente suma nuevos equipos, pero con la misma facilidad los pierde.

Esta iniciativa parece marcar un distanciamiento entre las dos competiciones, que operaron con bastante sincronía entre 2014 y 2020. Para la USL, que busca posicionar a su Championship como una división atractiva y competitiva, logrando incluso vender los derechos de televisión al extranjero, la presencia de los filiales emeleseros comenzó a ser un dolor de cabeza, toda vez que dichos equipos no son necesariamente los más atractivos (son escuadras formativas, al fin y al cabo) y son de largo los de menor asistencia de publico a sus estadios. La MLS, por otra parte, buscará tener cada vez más control en el proceso de formación de sus jovenes promesas y, de paso, dejaría de financiar (mediante pago de costos de operación y compra de franquicias) a una organización a la que tal vez empieza a ver como una futura competidora.

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