Soccer Wars: La USL se planta

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En el mediodía del martes, la USL-Pro anunció su esperado rebranding. Afuera el «Pro» del nombre, adentro logo con estilo setentoso, nuevo formato de competición para los 24 equipos participantes y un nuevo eslogan: «We Are United».

Hasta aquí, el acontecimiento podría haber pasado más o menos desapercibido, de no ser por un pequeño párrafo en el comunicado oficial que amenaza con desatar una nueva guerra entre las divisiones menores del fútbol estadounidense: la intención de la USL de postularse para elevar su estatus al de Segunda División, abriendo un frente de batalla por dicho reconocimiento con la North American Soccer League.

«Todos los aspectos de nuestra liga han sido elevados, tanto dentro como fuera del campo de juego, a un punto en el que es el momento apropiado para la USL para re-estblecer su status de Segunda División. Este año la liga se postulará para convertirse en la USSF Division 2, que reflejará apropiadamente la calidad de nuestra competición, de nuestros grupos inversores, estadios e hinchas».

El cisma entre ambas competiciones es evidente. Desde el conflicto desatado en 2010, con la reaparición de la NASL en escena, US Soccer ha debido intervenir, primero generando una liga temporal con equipos de ambas entidades, y luego creando un reglamento con requisitos económicos, de infraestructura y modalidad de competición que cada liga debe adherir para ganar o mantener su estatus.

Suena difícil de creer que, de pronto, la USL esté en condiciones de alcanzar los requisitos establecidos por la Federación. Su pasado reciente así lo demuestra. Cobrar los franchise fees primero y hacer las preguntas después ha sido el modus operandi de estos últimos años: 9 son los equipos fundidos, desaparecidos o auto-descendidos a divisiones menores entre 2011 y 2014. 6 de ellos, no alcanzaron a sobrevivir su primera temporada de existencia.

Esta inestabilidad,  persistente hasta el día de hoy (Dayton Ducht Lions y Charlotte Eagles se bajaron de la próxima temporada), se ve de alguna manera subsanada por la aparición del convenio de colaboración entre USL y la MLS, que le proporcionó a la liga 8 nuevos equipos B y acuerdos de afiliación para otros 12 clubes. Con ese as bajo la manga es que la USL pretende ahora lograr la sanción de Segunda División.

Para sostener su postura, los popes de la liga tiraron en el anuncio algunos números bastante polémicos, dejando en claro que se puede probar cualquier cosa con estadísticas («40% de la gente lo sabe» diría H.J Simpson). Por ejemplo, la asistencia media, distorsionada gracias a los brillante convocatoria de una franquicia que ya no está, y de otra que puede abandonar el barco en breve: Orlando City y Sacramento Republic, respectivamente. Detrás de ellas, hay equipos que es prácticamente imposible de explicar su subsistencia (Orange County Blues), y equipos filiales con promedios de asistencia francamente espantosos (LA Galaxy II, sorprendentemente). Esto, sin mencionar que los dueños de la gran mayoría de los equipos no pueden cumplimentar los requisitos financieros establecidos para ser D2, mientras que un buen número de clubes no cuenta con la infraestructura necesaria en cuanto a estadios se refiere (1000 espectadores sentados).

En definitiva, y cuándo uno intenta explicarse el porqué de esta súbita lucha declarada, todos los caminos conducen a la guerra intestina entre la MLS y la NASL, enemiga número uno (o dos, por debajo de Jurgen Klinsmann)  desde que el comisionado de esta ultima, Bill Peterson, tuvo la idea de sugerir (¡oh! ¡el horror!) que una pirámide abierta con ascensos y descensos no sería tan mala idea para el futuro del fútbol estadounidense. En los últimos meses, la competición conducida por Don Garber ha dado muestras firmes de querer extender su presencia en mercado nasl-eros, ya sea Minnesota, (con o sin el United involucrado), Atlanta (dejando cerca del K.O a los Silverbacks) o New York (para anular cualquier tipo de efecto que el Cosmos pudiera llegar a tener).

En la historia del fútbol estadounidense, no sería la primera vez que distintas competiciones luchen entre si por la control del mercado. El termino Soccer Wars fue acuñado para describir la lucha durante la década del ’30 entre una incipiente competición, la American Soccer League y la Eastern Professional Soccer League, protegida por la Federación, que dejó como resultado la desaparición de la primera a finales del ’33 y una muy mala imagen publica para el deporte, al que muchos de sus primeros fanáticos decidieron darle la espalda. Es interesante imaginar que sería del fútbol en los Estados Unidos hoy de haber podido consolidar una competición fuerte en aquel entonces. Nunca lo sabremos. Lo único seguro es que cuándo este tipo de disputas se disparan, el soccer y sus seguidores son los principales perjudicados.

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