La causa canadiense

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Con calma, sin hacer ruido, a tono quizás con los estereotipos más conocidos del pueblo de Canadá, el fútbol de este país experimentó en el ultimo par de semanas un progreso sin precedentes en su historia. El enunciado, que de entrada suena exagerado, tiene su justificación. Hasta hace poco, el escenario del fútbol profesional canadiense lo componían cinco clubes: tres de la Major League Soccer (Toronto, Vancouver, Montreal), y los dos restantes (Ottawa, Edmonton) en la North American Soccer League. De un plumazo, y gracias al muchas veces aquí mencionado acuerdo de colaboración entre la MLS y la USL-Pro, Canadá tendrá a partir de 2015 tres nuevos equipos profesionales.

Quién tomó la lanza fue el Montreal Impact, uno de los tres emeleseros en anunciar la creación de su equipo filial. Este tendrá por nombre FC Montreal y servirá, según los dirigentes, como un eslabón más en la cadena que va desde su muy productiva academia (una de las mejores de la MLS) hasta el plantel de primera. El enfasis en el desarrollo de jugadores queda claro con el nombramiento de Philippe Eullaffroy, director de las inferiores, como técnico del equipo. Sus hogares serán, al menos durante 2015, las canchas auxiliares del Impact y el Stade Saputo, aunque está en los planes una remodelación del Centre Claude-Robillard, lugar de entrenamiento del club, para establecer allí la localía de manera definitiva.

A los de Quebec los siguió Toronto, que presentó un equipo aún sin nombre, aunque podemos especular con que el mismo caerá en las lineas de Toronto II, TFC2, o alternativas poco originales similares. El entrenador de este equipo será Jason Bent, ayudante de campo que trabaja en el club desde 2011, y que milagrosamente ha sobrevivido los múltiples cambios de liderazgo que suelen experimentar los de Ontario temporada a temporada.

Por ultimo, le llegó el turno al cuadro más al oeste de Canadá, los Whitecaps. Su filial se conocerá como VWFC2 y al igual que el resto de estos nuevos equipos comenzará a competir en 2015. Los Caps, después de proponer y ver frustradas varias opciones para poner al club fuera de Vancouver (New Westminster, Surrey), se decidió por llamar hogar al Thunderbird Stadium de la Universidad de  British Columbia, estadio parte del National Soccer Development Centre y para el cual ya se presentó un ambicioso plan de expansión, que estaría listo para 2017.

La noticia de la creación de tres nuevas plazas de carácter profesional es sin duda alguna una excelente noticia, tanto para los jugadores jóvenes para los ya establecidos. Hay que tener en cuenta que al profesional canadiense no solo le juega en contra provenir de un país con poca tradición futbolera en el extranjero. De hecho, se encuentra con trabas considerables puertas adentro, toda vez que en los cuadros estadounidenses de la MLS se consideran, inexplicablemente, jugadores extranjeros, lo que hace dificultosa y poco atractiva su contratación. Tener más clubes propios en los cuales jugar representa un cambio que los beneficia y, por extensión, ayuda a la causa del equipo nacional.

Un seleccionado, comandado por el español Benito Floro, que lucha por salir del ostracismo, y que todavía sufre y mucho con las deserciones, siendo Tesho Akindele (FC Dallas), Junior Hoillet (QPR) los ejemplos más recientes de una larga lista de jugadores que le dieron la espalda a su país natal, y que incluye nombres de peso como Owen Hargreaves y Jonathan De Guzman.

Más allá de las pálidas, Canadá abraza cada vez más a este deporte. Desde que se presentó la posibilidad de organizar el Mundial Sub-20 de 2007, en el que Argentina se consagró campeón con unos púberes Lionel Messi Angel Di Maria * y Sergio Agüero, el rol del país del norte como anfitrión de este tipo de torneos se ha ido intensificando. En la actualidad se preparan para albergar una Copa del Mundo femenina de 2015, no exenta de polémica por la decisión de jugar la totalidad de los partidos en superficie sintética, lo que motivó una demanda de un grupo de jugadoras (en su mayoría, del seleccionado estadounidense) tratando de alterar esta cuestión. Si todo marcha de acuerdo a lo planeado, el próximo paso de la Canadian Soccer Association (CSA) será organizar el Mundial masculino de 2026, para el que ya trabajan una candidatura que representaría, entre otras cosas, la posibilidad de ser parte de la máxima cita, a la que no asisten desde 1986.

Más allá de esto, los desafíos que tienen por delante los popes del fútbol canadiense son variados. La estructura de fútbol base tiene muchas deficiencias, similares a las que aquejan a los Estados Unidos. La estructura de fútbol semiprofesional y amateur es desordenada e inestable. El fantasma del arreglo de partidos, que existía en los certámenes menores y fue puesto en evidencia por la CBC en un gran trabajo realizado en 2012, sigue presente. La posibilidad de crear una liga profesional propia (rumoreada para 2016 en sociedad con la NASL y la Canadian Football League) es una alternativa que debe estudiarse seriamente y para lo que no deben escatimarse recursos. Por lo pronto, la aparición de estos tres nuevos clubes es un paso en el sentido correcto.

* Gracias a @snedecor_rdn por la corrección.

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